viernes, 4 de marzo de 2016

Los "anarco capitalistas", los más conformistas de los alienados.



La moda anarco capitalista. Los más conformistas de los alienados.
Por Eric Germán List.
Últimamente he visto en las redes sociales, fuente frecuente de tremendas distorsiones conceptuales, la expresión, generalmente a través de Memes, de un movimiento que se autodenomina “anarco-Capitalismo” o “libertario”.
Se trata increíblemente de los más furiosos y alienados defensores del Statu quo económico mundial, del Neoliberalismo. Su activismo en las redes es constante y energético. Se mueve desatando una furibunda andanada de ataques, infamias, calumnias e insultos a todo lo que les suena a socialismo, a izquierdismo, pluralismo, comunismo o simplemente justicia social.
Su tesis se resume en un simple silogismo: el libre mercado es la única fuente de desarrollo, el gobierno es un estorbo al libre mercado, entonces el gobierno es el enemigo de todo desarrollo. Bajo esta óptica sus ideas suelen dividirse en: 1. La declaración de que el gobierno debe reducirse a su mínima expresión posible (es la postura de los moderados); y 2. El gobierno debe dejar de existir para que el libre mercado florezca en todo su esplendor. Detrás subsiste la sobada y cínica noción “la naturaleza humana es el egoísmo”. Frecuentemente confunden egoísmo con la canalla.
La tendencia no es inocente, ni intrascendente. Está reclutando poco a poco a grandes cantidades de jóvenes, que hartos del fracaso y degradación de las ideologías tradicionales, optan por una tendencia que suena marginal, realista, antisistema, rebelde, novedosa y “cool”. Poco a poco se está constituyendo en una alternativa viable para que la derecha compita con la izquierda, en lo que tradicionalmente era su coto particular, su clientela casi exclusiva: la juventud en busca de una identidad frente al stablishment.
Los jóvenes “anarco-capitalistas” poco se percatan de la frivolidad de sus consignas. Educados en una cultura más cercana a la imagen visual que al rigor teórico, se adoctrinan a través de Memes. Sus convicciones se forman a través de mini cápsulas temáticas en las que por un lado se ridiculiza a figuras de la izquierda tradicional, como al Ché Guevara (uno de sus blancos predilectos). Suelen leer pequeños mensajes en los que se usan frases entrecortadas y descontextualizadas de estos personajes buscando retratar posibles contradicciones, francas “pendejadas”, brutalidades, supuestas discriminaciones en las que hubieran caído estas figuras históricas. Otras veces los autores de estas publicaciones recurren francamente a difamar, acusando a figuras paradigmáticas de las causas sociales, de crímenes atroces en la cultura contemporánea (como violación, maltrato animal, homofobia y otras). Al tiempo, se dibuja una extraña mezcolanza, una alianza ideológica entre figuras de la más extrema derecha, como Ayn Rand, Von Mises, supuestos empresarios triunfadores como Steve Jobs y Bill Gates, super héroes de la economía contemporánea como Friedman, por un lado y figuras de una izquierda real pero relegada por las izquierdas marxistas del siglo XX, por el otro. Con esto último me refiero a los filósofos anarquistas del siglo XIX e inicios del XX, como Bakunin, Proudhon, Kropotkin, Malatesta y en México a los hermanos Flores Magón.
Se les pasa por alto que estos últimos personajes son francamente antagónicos al capitalismo. Los grandes teóricos del anarquismo hubieran abominado a figuras como Rand, Friedman, Jobs, y Gates, considerándolos francos enemigos, porque de hecho, son antagonistas totales de la verdadera causa libertaria. Hay desde luego una confusión o tal vez una sustitución mañosa, entre el término “libertario’ y el término “liberal”.
La dupla de conceptos “Anarco- capitalista” es francamente una contradicción. Nada más lejano al anarquismo, o a las verdaderas filosofías libertarias que el capitalismo. Antes que nada personas como Bakunin se consideraban a si mismos comunistas. Participaban de un concierto de debates ideológicos dentro de movimientos como la Internacional Socialista. Marx defendía una escuela, el “comunismo científico”, mientras que Bakunin y Proudhon se denominaban “comunistas libertarios” (es cierto que hubo una división furiosa entre estas dos formas de concebir al comunismo). Lo fundamental en todo caso es entender que los anarquistas de esa generación se entendían cercanos a la clase trabajadora. En sus momentos de praxis, por ejemplo en la España previa al Franquismo, funcionaban como sindicatos anarquistas o comunas agrarias libertarias.
Combatían, si, la idea de gobierno, pero sobre todo combatían la idea de autoridad. Es en este terreno donde se fundamenta el equívoco en el que se mueven astutamente los promotores de esta tendencia de ultraderecha. La noción más simplona de “Anarquismo” y también la más difundida, es la de que busca abolir a los gobiernos. Es cierta, desde luego, más hay que aclarar que la última causa del anarquismo no es esta abolición, que solo se considera un paso necesario, sino la búsqueda de la libertad. En efecto se combate a los gobiernos y al Estado gubernamental, porque en sí, se perciben como aparatos represores que alejan y alienan la posibilidad del hombre de ser libre. Es decir, es una inexactitud decir que el Anarquismo es en esencia la oposición al Gobierno o al Estado, porque no solo se opone a ellos, sino a toda forma de poder o autoridad que aliene o limite la búsqueda y construcción de un estado de libertad.
El capitalismo, en su carácter piramidal, que divide a la humanidad entre patrones y trabajadores, en que el patrón necesariamente es un explotador del trabajador (pues obtiene una ganancia del trabajo ajeno), es netamente una forma de poder que aliena la libertad del ser humano. Es poder contra la libertad del trabajador, contra la libertad del desposeído, contra la libertad del pueblo que busca otras formas, no cupulares de organización. Al final, resulta análogo al poder que ejerce una autoridad gubernamental contra los individuos. Más allá, siendo el Gobierno y aun el Estado, instituciones garantes del interés de los capitalistas, la última consecuencia de la lucha libertaria, no sería contra los instrumentos del poder real, sino contra los beneficiarios finales de todo el sistema represor.
Ahora, en el siglo XXI, además el capitalismo está tomando un cariz especialmente tóxico. En lo económico estamos evolucionando hacia un creciente monopolio globalizado, un monopolio que se proyecta a todos los continentes. Este es un hecho inédito en la historia, pues al pertenecer casi todos los países a sistemas económicos extra-nacionales, progresivamente los gobiernos locales son obsoletos para el capital internacionalizado y resultan estorbosos. No es que el capitalismo busque gobiernos reducidos o inexistentes, sino que ha terminado por ser un gobierno extra-nacional para prácticamente todas naciones. Requiere de estás, no un gobierno (que como dije, ya lo es él mismo) sino un guardián. Así, los supuestos “anarco-capitalistas” suelen combatir toda medida gubernamental orientada al desarrollo social, acusando a las autoridades locales de paternalismo o populismo, pero aplauden el uso de la fuerza para reprimir a sectores sociales que, necesitados de un cambio urgente en la dirección económica (pues están pauperizados), se movilizan para pedir a sus sistemas políticos que limiten la dirección complaciente con los dueños de la pelota del capital.
Resumiendo, el capital globalizado busca debilitar poderes locales, para gobernarlos desde instituciones multinacionales (que es un eufemismo para decir “capital internacional concentrado en manos particulares”). Estas instituciones son, por ejemplo, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la OCDE, Wallstreet y otras del estilo. A su vez estas entidades, que se presentan como figuras de cooperación entre países, en realidad responden a intereses de corporaciones particulares.
Lo anterior no quiere decir, de ninguna manera, que los gobiernos se estén aboliendo, como pretenden los anarco-capitalistas, sino que el verdadero gobierno está situado en entidades abstractas, no territoriales, sino simplemente bursátiles. Los mal llamados “capitalistas libertarios”, no se oponen al poder, ni a la autoridad, sino solo a la posibilidad del pueblo raso de incidir o ser objeto de las políticas locales. Son enemigos no solo de toda dirección social en la política económica, sino de cualquier asomo de autodeterminación que se oponga a las políticas de los organismos multinacionales y en última instancia, de las corporaciones privadas.
Los anarco-capitalistas son los nuevos lumpen, fregados, pero hechizados con el oropel de la vida de sus verdugos. Aman el glamour de una “superación personal” que nunca alcanzarán. Adoran a sus ídolos: “Steve Jobs era un jodido como nosotros, pero pudo aprovechar el mundo de oportunidades del capitalismo”; “nos enseña que todo es cuestión de voluntad”; “nos muestra que todo es cuestión de echarle huevos”; “nos señala que los pobres son pobres por huevones”; “que mientras haya políticas sociales la gente no progresará… dale pescado a un pobre y comerá un día, enséñale a pescar y comerá toda su vida”… Se repiten cantaletas como esta en un coro de zombis mediatizados.
Bajo esta ideología, hecha de retazos teóricos y proverbios banales, estos chavos alienados, generalmente jóvenes profesionales, cuando tienen chamba despilfarran la plusvalía de su trabajo en eternos créditos para mantener la sensación del buen camino: renta de depas en la Condesa o la Roma, un buen auto a plazos, ropa de marca a crédito, muebles de moda a tarjetazo limpio. Bajo la frágil imagen del este éxito banal, cultivan el más recalcitrante clasismo (los que viven mal son huevones, decadentes y nacos). Apoyan las más tóxicas medidas antipopulares como la privatización de todo, aun lo que naturalmente es un bien común, como la calle, la playa o el agua (los bienes son de quienes lo merecen). Apoyan firmemente toda política antipopular, incluso al nivel de legitimar fraudes descarados (la legalidad es solo para apoyar la libertad de mercado, si la legalidad apunta a otra causa, entonces la legalidad es secundaria).
Después, cuando todo el esquema falla (y siempre falla), cuando ya con un par de chilpayates (para los que de pronto no hay lana para colegiaturas) y después de vivir esa manifestación suprema de la libertad del mercado, que son los recortes laborales, estos jóvenes autodenominados “libertarios-capitalistas”, no cambian de postura, sino que engrosan las filas del resentimiento más violento. Ellos, “merecedores de las mejores oportunidades”, “hermanos desheredados de Steve Jobs”, se sienten robados… Pero ¿por quién? No, nunca por sus ídolos, sino por la existencia de todos los que aún están más fregados que ellos, los millones y millones de desheredados que hacen la competencia (sin merecerlo) en la lucha por prosperar.
Nunca, en su alienación voltean a ver el verdadero rostro del sistema al que admiran y que si, es una panacea de la libertad, pero de una libertad mezquina que no alcanza ni alcanzará para ellos ni para nosotros nunca. La libertad que añoran, esa libertad privatizada, es la del despojo, la de una economía básicamente secuestrada, que ya no necesita de la gente para retroalimentarse. Es la libertad ajena y plutocrática, a la que ellos, sus defensores a ultranza, jamás tendrán un verdadero acceso.  

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